A los que nos reciben

Lo que diferencia a un viajero de un turista es, básicamente, que el primero sabe (y ha experimentado) que lo mejor de los viajes no es el destino o lo que “se ve” sino las personas que se conocen, las que te reciben con los brazos abiertos y que, por unos instantes, se convierten en tus compañer@s, amig@s o familias. El turista consume viajes. El viajero los vive.

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